El sector agrícola uruguayo se prepara para una siembra de invierno marcada por una complejidad sin precedentes, comparable a una partida de ajedrez donde cada movimiento es incierto. La fecha del 15 de marzo de 2026 marca el inicio de un período crítico de decisiones, en un contexto global volátil. Los productores se enfrentan a un dilema crucial: definir qué cultivar y en qué volumen para la próxima zafra, con factores como la inestabilidad geopolítica en Medio Oriente, la persistencia de la sequía en algunas regiones, fluctuaciones impredecibles del dólar y un mercado ganadero con precios elevados para la reposición pero en descenso para el ganado gordo, generando un escenario de máximas dudas.
**Incertidumbre y el Factor Climático**
Las próximas semanas serán determinantes para la planificación de la campaña, abarcando desde la selección de cultivos y la dosificación de fertilizantes hasta la estructuración de rotaciones para el segundo semestre. Estas decisiones variarán significativamente según la ubicación geográfica: mientras los agricultores del norte han recibido precipitaciones beneficiosas, sus colegas del sur continúan lidiando con cultivos en situación crítica debido a la escasez hídrica.
La complejidad actual hace que la proyección de sistemas productivos sea casi inviable. La incertidumbre sobre costos y precios está directamente ligada a la escalada del conflicto en Medio Oriente, particularmente en torno al estratégico Estrecho de Ormuz. La continuidad o resolución de posibles bloqueos en esta vía marítima clave determinará la dinámica de los mercados. La situación actual ya anticipa un encarecimiento sostenido de combustibles y fertilizantes, dado que un tercio del comercio global de fertilizantes nitrogenados, como la urea (cuya producción depende del gas natural), se origina en esa región. De hecho, la urea ha experimentado un incremento de 150 dólares por tonelada para entregas en abril y mayo en las últimas dos semanas.
**Los Insumos, un Problema Preexistente**
Antes incluso de la intensificación del conflicto bélico, los precios de los insumos agrícolas ya presentaban un desafío. Santiago Raffo, gerente de insumos de Megaagro, explicó que la relación insumo-producto era desfavorable, especialmente con un trigo de bajo valor. La escalada del costo de la urea está ahora impulsando al alza a otros nutrientes esenciales como el fósforo y el potasio. Los fosfatos de amonio, por ejemplo, ya rozan los 900 dólares por tonelada, en un contexto donde la cadena de distribución reporta baja liquidez.
Un informe de febrero de la Unión Rural de Flores (URF) indicaba que los costos de siembra para trigo y cebada ya habían aumentado ligeramente (entre 1% y 2%) en comparación con 2025. Para el trigo, el costo se estimaba en 630 dólares por hectárea, y para la cebada, en 702 dólares/ha. En ambos casos, una porción considerable (237 dólares) se destinaba a urea y otros fertilizantes, representando el 37% del costo total para el trigo y el 30% para la cebada. Elena Loaces, también de la URF, subraya la profunda incertidumbre que genera la urea, no solo por su precio sino también por su disponibilidad y los niveles de stock de las empresas, afectando directamente al trigo, la cebada y la colza. Se prevé que el componente de fertilizantes en los costos totales podría superar el 40%, lo que ejercería una presión significativa sobre los márgenes de los productores y, en caso de escasez, comprometería los objetivos nutricionales, afectando directamente los rendimientos y el volumen de la producción.
**El Estrecho de Ormuz y sus Implicancias Globales y Locales**
El Estrecho de Ormuz se consolida como un punto neurálgico, con la ONU estimando que 1.33 millones de toneladas de fertilizantes transitan por él mensualmente. Un bloqueo de tan solo 30 días podría desatar una escasez global, impactando severamente el rendimiento de cultivos clave como maíz, trigo y arroz, dependientes del nitrógeno.
En el contexto uruguayo, la urgencia se siente en las siembras de avenas y verdeos, que se encuentran en su período óptimo. Sin embargo, Santiago Raffo señala que los precios actuales de la carne y la leche podrían ofrecer una relación insumo-producto más ventajosa para estos rubros ganaderos en comparación con la agricultura tradicional. Para cereales y colza, cuya siembra comienza en mayo, aún se dispone de un margen de tiempo. La expectativa de bajos rendimientos en la soja, afectada por la sequía, podría tener una contrapartida positiva: un mayor arrastre de fósforo en el suelo, lo que atenuaría el impacto de su menor aumento de precio. La incertidumbre climática se suma a este panorama. Aunque las proyecciones de una primavera bajo la influencia de El Niño podrían favorecer los cultivos de verano con temperaturas y humedad por encima de lo habitual, también plantean desafíos como mayores riesgos sanitarios y complicaciones en la cosecha de los cultivos invernales.
**Las Oleaginosas Invernales: Una Apuesta Fuerte**
Las brassicas como la colza, carinata y camelina emergen nuevamente como las opciones más prometedoras. Estas oleaginosas de invierno, destinadas principalmente a la producción de biocombustibles en Europa, se espera que superen las 297 mil hectáreas sembradas en la zafra 2025. En el mercado local, la colza ya cotiza entre 500 y 505 dólares por tonelada esta semana, mientras que en Europa su valor ha escalado un 13% desde inicios de año, alcanzando los 575 dólares por tonelada. Su atractivo radica en que, cuanto más se prolongue la guerra y suban los precios del petróleo, mejor será su posicionamiento, actuando como una suerte de salvaguarda ante el aumento de los insumos.
**El Despegue del Girasol**
El girasol, que ha tenido su mejor zafra desde 2009 y es el primer cultivo de verano en ser cosechado, ya capitaliza los precios más altos desde la invasión rusa a Ucrania en 2022. El aceite de girasol en Europa se acerca a los 1.600 dólares por tonelada, aunque en la región se sitúa en 1.290 dólares debido a la presión de una cosecha récord en Argentina (con un aumento del 170% en exportaciones). En Uruguay, sobre 25 mil hectáreas (el doble que el año anterior), el girasol ha mostrado rendimientos excelentes a pesar de la sequía, con valores de 550 a 600 dólares por tonelada de semilla incluyendo bonificaciones por contenido de aceite, lo que puede generar un margen de hasta 500 dólares por hectárea antes de la renta.
**La Encrucijada de la Soja**
La soja se encuentra en una situación paradójica. A pesar de que esta semana alcanzó su valor más alto en casi dos años (410 dólares por tonelada en el mercado local y 455 dólares en Chicago), la incertidumbre sobre los rendimientos esperados frena la comercialización. Aunque los precios son favorables y superan las expectativas, el exportador Fernando Villamil, de Hajnal & Cía, señala la dificultad para tomar posiciones en el mercado debido a la gran incógnita sobre el volumen final de la cosecha, que se anticipa con una caída significativa. En contraste con la zafra anterior, donde se cosecharon casi 4 millones de toneladas con un rendimiento récord de 3.121 kg/ha en 1.38 millones de hectáreas, Villamil proyecta para la campaña actual un rendimiento promedio cercano a 1.800 kg/ha sobre 1.25 millones de hectáreas, lo que resultaría en una cosecha de unos 2.25 millones de toneladas, casi la mitad que el año pasado. La subida de la soja en Chicago sigue la tendencia de los aceites, incentivando a los productores con stocks de la cosecha pasada a vender. Sin embargo, China no ha realizado compras significativas de soja estadounidense. Villamil observa una desconexión entre los valores de mercado y los negocios físicos, con el comercio restringiéndose a lo indispensable y de corto plazo, y con amplias fluctuaciones para ventas futuras.
**Demanda Vigorosa en Oleaginosas y una Oferta Mundial Récord**
El precio de la soja experimentó un alza notable en el último mes, alcanzando máximos de dos años en Chicago, aunque con una prima ampliada para los embarques en puertos sudamericanos, en plena temporada de cosecha. En Argentina, los valores acompañaron esta tendencia con mayor intensidad que en Brasil, país que enfrenta una estimación de producción récord de 180 millones de toneladas y una apreciación del real frente al dólar del 6% en 2026. A esta dinámica se suma la expectativa de una mayor demanda interna en Estados Unidos para biocombustibles, con un inminente mandato que aumentaría la mezcla con combustibles convencionales, y el repunte del petróleo, que eleva la competitividad de los aceites vegetales. El aceite de soja estadounidense ha subido un 35% en las primeras 10 semanas de 2026, llegando a máximos de tres años. Incluso el aceite de palma de Indonesia, tradicionalmente el más económico, ha superado las cotizaciones del aceite de soja sudamericano, impactado por el volumen de cosecha y el incremento productivo. La consolidación de esta tendencia alcista parece impulsada por una demanda robusta, a pesar de que la oferta global sigue siendo considerable. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) proyecta una producción récord de aceite de soja de 71.4 millones de toneladas en 2026 (+1.9% interanual), con una caída prevista en las exportaciones (-8.5%) y un aumento en el consumo doméstico, incentivado por los biocombustibles.
La colza, por su parte, se perfila como el cultivo aceitero de mayor crecimiento global, con una producción que se espera aumente un 11% este año, alcanzando un récord de 95.5 millones de toneladas desde los 86 MT de 2025. Este crecimiento compensa parcialmente la menor disponibilidad de girasol de años recientes, afectada por el conflicto en el Mar Negro. La oleaginosa invernal ha tenido un fuerte impulso en Australia y también en Uruguay, donde la zafra pasada superó las 500.000 toneladas. Mientras que la producción de soja creció un 18% en cinco años, la colza sumó 20 millones de toneladas, un incremento del 25%. El USDA prevé un nuevo récord de producción de aceite de colza (35.76 millones de toneladas) y un aumento del 9% en sus exportaciones para 2025, llegando a 7.92 MT. La producción de girasol, por su parte, se ve estimulada por precios y condiciones productivas favorables, buscando recuperar los niveles de años anteriores. Para el aceite de girasol, la producción fue ajustada al alza en marzo a 20.75 millones de toneladas, con exportaciones de 13.2 MT y stocks que se mantendrán ajustados.
**Trigo y Cebada: Desafíos y Oportunidades**
El trigo ha seguido la tendencia alcista de los granos a nivel global, alcanzando los 240 dólares por tonelada en la posición diciembre 2026 de la Bolsa de Chicago, un aumento del 17% desde enero, tras dos años de precios deprimidos. La cebada, cuyas referencias suelen estar vinculadas al trigo de diciembre, también muestra un mayor interés, con precios que subieron hasta 218 dólares esta semana. Los productores esperan las condiciones comerciales de las malterías para la siembra, aunque la continuidad del cierre de la planta de Ambev en Paysandú por tres meses más añade un elemento de incertidumbre. Fernando Villamil advierte que, para los cereales, es crucial que los precios de los commodities se ajusten a la relación precio-insumos al momento de la siembra. Si bien el precio del grano ha mejorado, aún no compensa el significativo encarecimiento de fertilizantes, combustibles y costos logísticos. La estabilización a corto plazo es impredecible. No obstante, esta situación representa un cambio para los principales granos, que hasta ahora carecían de fundamentos agrícolas y de mercado para mover sus precios, pese a una oferta y existencias elevadas. «Eso cambió», sentenció el director de Hajnal & Cía. El trigo enfrenta obstáculos adicionales. A pesar de la subida en Chicago, una cosecha muy abundante en Uruguay y Argentina el año pasado mantiene el precio local estable en 180 dólares por tonelada, muy por debajo de la cebada (220 dólares, impulsada por Chicago) y aún más lejos de las oleaginosas (por encima de 500 dólares). Además, a diferencia de otros cultivos que ofrecen flexibilidad de colocación pre-cosecha, el trigo está ligado a la venta física, lo que reduce las opciones comerciales.
**Un Tablero de Ajedrez Complejo para los Productores**
En síntesis, los productores se encuentran ante un verdadero desafío estratégico. Las exigencias agronómicas de rotación de cultivos, que impiden la siembra reiterada de oleaginosas, restringen su expansión. En el caso de la cebada, la prolongación del cierre de la planta de Ambev en Paysandú introduce una importante cuota de incertidumbre, particularmente para las zonas al norte del río Negro. Finalmente, el trigo, tradicionalmente el cultivo con mayor superficie, presenta actualmente cifras que generan un «mar de dudas», haciendo incierta su rentabilidad y su lugar en la planificación de la próxima zafra invernal.
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