Un nuevo incidente relacionado con residuos de garrapaticida en carne vacuna uruguaya destinada a China ha derivado en sanciones. Esta vez, la planta procesadora de carne San Jacinto, ubicada en Canelones, ha sido penalizada por las autoridades chinas tras detectarse rastros de un acariciada en sus productos exportados. La noticia, divulgada el 17 de marzo de 2026, pone de manifiesto una preocupante recurrencia en este tipo de problemas sanitarios.
La planta de San Jacinto ha sido formalmente notificada por China con una prohibición de sus exportaciones de carne al mercado asiático. Esta medida surge a raíz del descubrimiento de residuos de garrapaticida en los envíos realizados a China en septiembre del año anterior. Fuentes del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) confirmaron este desarrollo a El Observador el martes 17 de marzo, enfatizando la gravedad y la frecuencia de tales inconvenientes sanitarios.
La sustancia problemática identificada es el fluazurón, un compuesto veterinario antiparasitario utilizado específicamente en el ganado bovino para combatir las garrapatas. Clasificado como un Inhibidor del Desarrollo (IGR) y una benzoilurea, el fluazurón actúa al obstaculizar la síntesis de quitina en las garrapatas, ofreciendo un efecto sistémico (según parasitipedia.net). La reiterada presencia de estos residuos ha generado serias inquietudes dentro del MGAP.
Este incidente no es un caso aislado. En octubre de 2025, cargamentos de carne vacuna uruguaya con destino a China también presentaron residuos de fluazurón, lo que llevó a su retiro del circuito comercial, según lo confirmado en su momento por Marcelo Rodríguez, director de Servicios Ganaderos del MGAP. Aunque en esa ocasión no se impusieron sanciones directas a Uruguay, las autoridades chinas emitieron una notificación al ministerio, estableciendo un plazo para la implementación de medidas correctivas que aseguraran la continuidad de las exportaciones.
A pesar del anuncio por parte del MGAP de cinco medidas específicas implementadas tras la detección anterior para prevenir problemas tan graves, la situación ha vuelto a ocurrir. Las instalaciones de San Jacinto, parte de un grupo empresarial familiar liderado por Eduardo Urgal, quien también dirige el frigorífico Pando, se encuentran ahora en el centro de esta renovada controversia. Recientemente, la Federación Rural (FR), bajo la presidencia de Rafael Normey, emitió un contundente comunicado advirtiendo que «el esfuerzo y reputación construido durante décadas corre peligro si no cuidamos la inocuidad de lo que producimos y evitamos los residuos veterinarios en carne». La organización subrayó la necesidad crítica de que todos los productores «extremen al máximo el control de los tiempos de espera de los medicamentos veterinarios antes de enviar animales a faena», declarando que esto «no es opcional ni negociable», sino un «compromiso ineludible» esencial para mantener el acceso a los mercados y los precios.
A la luz de la sanción, San Jacinto tiene previsto suspender sus actividades por un período de dos semanas entre finales de marzo y principios de abril, según informó tardaguila.uy. Fuentes de la empresa, consultadas sobre si la determinación de China podría prolongar la suspensión de las faenas, indicaron que aún no se ha tomado una resolución al respecto. Este acontecimiento cobra especial relevancia dado que China sigue siendo un destino crucial para la carne vacuna uruguaya; los datos del Instituto Nacional de Carnes (INAC) para 2026 lo sitúan como el segundo mercado más importante, después de América del Norte (principalmente EE. UU.), con inversiones que ascienden a US$ 150,6 millones, lo que representa el 26% del total facturado por exportaciones de carne hasta la fecha.
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