Paraguay Lanza Estrategia para Capitalizar Inversiones Agrícolas Uruguayas: Tierras desde US$ 800, Régimen Fiscal Favorable e Incentivos Renovados

Paraguay ha delineado una estrategia robusta para atraer capital uruguayo al sector agrícola, ofreciendo terrenos desde los US$ 800 por hectárea, una carga tributaria reducida y una gama de programas de incentivos actualizados. Las opciones de inversión extranjera más comunes en el país abarcan desde el arrendamiento agrícola y la gestión directa de la producción, hasta las alianzas estratégicas o joint ventures, y la administración a través de intermediarios. A pesar de que los inversores uruguayos ya poseen aproximadamente dos millones de hectáreas en Paraguay y se posicionan como el quinto mayor actor extranjero en su agro, las autoridades paraguayas perciben un margen considerable para fortalecer aún más esta relación bilateral.

Marco Riquelme, viceministro del Ministerio de Industria y Comercio de Paraguay, destacó que, si bien los niveles de productividad del país aún son modestos en comparación regional, existe una gran oportunidad de expansión. En este contexto, subrayó que la experiencia y el avance tecnológico de los inversores uruguayos en el sector agropecuario resultan fundamentales para que Paraguay pueda alcanzar un «segundo nivel» de desarrollo. La activa presencia de delegaciones paraguayas en eventos como Agro en Punta, explicó Riquelme, se alinea con la visión del presidente Peña de integrar a Paraguay de manera prominente en el panorama global de la industrialización y el comercio. «Históricamente, Paraguay ha sido un país más bien importador y de perfil bajo; hoy estamos preparados para proyectarnos al mundo», afirmó el funcionario.

Para materializar esta meta, el gobierno paraguayo impulsa una política de incentivos que abarca desde el establecido régimen de maquila hasta nuevas iniciativas diseñadas para beneficiar incluso a pequeños inversores. Complementariamente, se promueven atributos atractivos como una fiscalidad reducida, la capacidad de producción a gran escala y costos de tierra significativamente más bajos que en Uruguay, con valores iniciales desde US$ 800 por hectárea. Riquelme enfatizó que en Paraguay «el gobierno ve con agrado el éxito empresarial y busca un sector privado robusto y en constante expansión». Por su parte, Javier Viveros, viceministro de Rediex, recordó que la última reforma tributaria en Paraguay data de 2004, cuando se disminuyó el impuesto a la renta. Viveros detalló la estructura fiscal actual: un 10% de IVA, un 10% de impuesto a la renta corporativa y un 8% sobre los dividendos, destacando la simplicidad de contar con solo tres impuestos principales, además de mencionar el grado de inversión alcanzado por el país.

Cifras expuestas durante el foro revelan que el sector agropecuario constituye aproximadamente el 20% del Producto Interno Bruto nacional, desempeñando una función vital en la economía. En el ámbito del comercio internacional, las exportaciones agrícolas representaron el 65% del total de las ventas externas en 2025, siendo la soja el cultivo predominante, que por sí solo significó un 29% de ese volumen. El gobierno paraguayo ha identificado nichos de alto potencial en la producción porcina, avícola, el algodón y el biodiésel. Respecto a la carne de cerdo, se reportaron exportaciones por US$ 20 millones el año pasado, con una ambiciosa meta de alcanzar US$ 1.200 millones en los próximos ocho años. Un hito importante en esta dirección es la inversión de US$ 300 millones por parte del grupo español Costa, que contempla la introducción de 45.000 reproductoras en un proceso de tres años.

La producción de algodón también está cobrando relevancia, particularmente en la región del Chaco, donde ya existen empresas que cubren toda la cadena de valor, desde el desmotado hasta la confección de textiles y prendas de vestir. Esto fomenta el aumento de la productividad y la mejora genética de las semillas. La industria avícola, por su parte, experimenta un desarrollo significativo, evidenciado por la reciente notificación de una inversión de US$ 135 millones. Adicionalmente, se promueve el biodiésel mediante una propuesta legislativa que busca incrementar el porcentaje de mezcla obligatoria en el diésel del actual 5% al 15%.

La estrategia de Paraguay en el ámbito del comercio exterior se distingue de la de otros países de la región. Viveros explicó que el país «mantiene una política de no tener relaciones diplomáticas con China continental, una postura que ha sido sostenida por diversos gobiernos». En este marco, el enfoque gubernamental prioriza el mercado brasileño y el regional, sin olvidar a naciones como Taiwán, con la que existe un acuerdo de arancel cero para productos ganaderos. Simultáneamente, Paraguay ha incursionado en mercados antes poco explorados, logrando aperturas en Singapur y Filipinas el último año, principalmente con sus exportaciones de proteínas, lo que ha facilitado el acceso a otros destinos. La meta oficial es robustecer el comercio global, sin perder de vista a Brasil, su «China» particular, dado que es actualmente el principal inversor extranjero en el país.

El sector agropecuario paraguayo se segmenta en dos grandes zonas con particularidades productivas y de inversión muy distintas: la Región Oriental y la Región Occidental, esta última conocida como el Chaco paraguayo. Ambas se encuentran separadas por el río Paraguay. Carlos Passerieu, un productor agropecuario y presidente de la Asociación de Productores Agropecuarios para un Chaco Sustentable, quien reside en Paraguay desde 1987, explicó que esta dualidad va más allá de lo geográfico, constituyendo una diferenciación estratégica en cuanto a las oportunidades de desarrollo. Si bien el Chaco ha sido tradicionalmente una zona ganadera —y esta sigue siendo su actividad principal—, en las últimas décadas ha visto un crecimiento agrícola impulsado por grandes iniciativas, incorporando cultivos como el trigo, algodón, maíz y sorgo. En contraste, la Región Oriental se caracteriza por la predominancia de la soja, el trigo y el maíz, complementada por cultivos como la chía y la canola, además de una destacada actividad ganadera, particularmente en departamentos septentrionales como San Pedro y Concepción.

En la Región Oriental, la actividad productiva está predominantemente en manos de agricultores empresariales y profesionales, que constituyen aproximadamente el 90% del sector. Esta área concentra la mayor parte de la infraestructura, los sistemas logísticos más avanzados y la casi totalidad de la inversión en investigación y desarrollo del país. Departamentos como Itapúa, Alto Paraná y Canindeyú son los principales productores de soja. A pesar de su incorporación agrícola más reciente, el Chaco ya contribuye con cerca del 10% de la superficie cultivada nacional, manteniendo una extensión relativamente estable entre 300.000 y 330.000 hectáreas en los últimos años. Las condiciones climáticas en la Región Oriental son particularmente propicias para la agricultura, con un clima subtropical a tropical y lluvias suficientes que favorecen sistemas de producción intensivos. La vasta disponibilidad de agua para riego, aún subutilizada, y la alta idoneidad agrícola de sus suelos son ventajas adicionales. Los suelos orientales, conocidos como «suelos rojos», son fértiles pero demandan una gestión cuidadosa, incluyendo la reposición de fósforo, nitrógeno y potasio, así como correcciones de acidez debido a sus bajos niveles de pH.

En la Región del Chaco paraguayo, si bien el clima general es similar al Oriental, las temperaturas estivales suelen ser más elevadas. La zona experimenta un periodo de sequía extendido entre mayo y noviembre, lo que restringe las opciones de cultivo invernal. La disponibilidad hídrica se concentra en las áreas norte y oeste, cercanas a la frontera con Bolivia. No obstante, el Chaco presenta una alta idoneidad para la agricultura extensiva y un considerable potencial para la integración agrícola-ganadera. Sus suelos son notablemente fértiles y no requieren la adición de fertilizantes. Passerieu identificó al Chaco paraguayo como la principal región para inversiones agrícolas actuales. Aunque posee un desarrollo agrícola inferior al de la Región Oriental, su enfoque hacia la integración de la agricultura y la ganadería es firme. Sin embargo, enfrenta desafíos como la volatilidad climática; la región ha sufrido sequías recientes con un impacto significativo en la producción. Históricamente, Passerieu detalla que, «de cada diez años, tres suelen ser secos, entre tres y cuatro normales, y dos o tres presentan condiciones favorables». A esto se suman retos como la gestión y conservación del agua, el subdesarrollo de infraestructura y logística, y la carencia de seguros agrícolas. A pesar de estos factores, Passerieu afirmó que el Chaco mantiene un notable potencial de crecimiento a mediano y largo plazo, lo que lo consolida como un punto de interés principal para nuevas inversiones agrícolas.

El mercado paraguayo ofrece diversas modalidades de inversión, que van desde enfoques convencionales hasta modelos colaborativos. Las opciones incluyen el arrendamiento de tierras, la producción directa para quienes adquieren propiedades, la administración agrícola, la conformación de asociaciones o joint ventures, la gestión integral a través de terceros especializados y la integración agrícola-ganadera. Los precios de los arrendamientos agrícolas oscilan actualmente entre US$ 80 y US$ 120 por hectárea, variando en función del nivel de desarrollo y la antigüedad de los campos. Para la compra de tierras, en la Región Oriental los valores se sitúan entre US$ 6.000 y US$ 15.000 por hectárea, con fluctuaciones significativas según la ubicación y el potencial productivo. Las cotizaciones más bajas se encuentran en departamentos del norte como San Pedro, mientras que en la zona central, donde los rendimientos de soja superan los 4.000 kilos, los precios pueden alcanzar los US$ 15.000. No obstante, la demanda para estos valores más elevados es limitada, ya que muchos inversores prefieren opciones con menor desembolso inicial. En contraste, los precios en el Chaco son considerablemente más accesibles. En el Bajo Chaco, las propiedades ganaderas se cotizan entre US$ 800 y US$ 1.000 por hectárea. En el Chaco Central, donde la agricultura se ha afianzado con sistemas integrados de ganadería y producción lechera, los precios van de US$ 1.300 a US$ 2.000. Más al norte, en el Alto Chaco, cerca de la frontera boliviana, los valores oscilan entre US$ 1.200 y US$ 1.700 por hectárea, reflejando un mayor riesgo, pero también un considerable potencial de desarrollo a largo plazo. Una modalidad en auge es la gestión delegada a empresas especializadas, que se encargan de la operación completa del campo, pagando al propietario un margen pactado y cobrando una comisión por su servicio. Esto es ideal para inversores que desean participar en el negocio agrícola sin la implicación diaria. En cuanto a los rendimientos, en la Región Oriental se registran entre 3.000 y 3.500 kilos de soja por hectárea, 6.000 a 7.000 kilos de maíz, 3.000 a 3.500 kilos de trigo y entre 5.000 y 6.000 kilos de sorgo.

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