El escenario para la próxima siembra de invierno se ha vuelto alarmante en los últimos días. Lo que hasta hace poco era una planificación complicada, marcada por la escalada de costos y la fuerte volatilidad del mercado, ahora se ha transformado en un verdadero desafío para los agricultores. Resulta cada vez más difícil elaborar un plan que prometa un margen positivo, ya que los precios de los fertilizantes se han disparado.
A los desafíos internos se suma el impacto global de un conflicto bélico en escalada, que compromete el acceso a insumos clave, encarece los fletes y distorsiona las rutas comerciales a nivel internacional.
**El golpe de la geopolítica en los cultivos**
Los recientes ataques a infraestructuras vitales de gas en Irán y Catar —insumo esencial para la producción de urea y fertilizantes nitrogenados— repercutieron directamente en la estructura de gastos de la agricultura en Uruguay. Las consecuencias se manifestaron al instante: el precio del gas en Europa aumentó un 28% en una sola jornada, la urea subió hasta un 7% de un día para otro, y el petróleo escaló hasta los US$ 114 por barril, consolidándose luego sobre los US$ 105, lo que representa una suba del 67% desde enero.
El costo de la urea en Uruguay se elevó de un rango de US$ 550-US$ 600 a cerca de US$ 800 en los últimos días. Esta influencia en los costos continúa elevando los rendimientos de equilibrio a niveles que obligan a los productores a recalcular sus estrategias para el invierno. Es incierto hasta dónde llegarán los precios de los fertilizantes nitrogenados, fosfatados y azufrados, que ya han aumentado entre un 30% y un 40% desde el inicio del conflicto. La urgencia es palpable, ya que las decisiones de compra de insumos deben acelerarse: los precios están en ascenso y algunos proveedores no cotizan debido a la incertidumbre.
Una certeza emerge: el área destinada a la colza crecerá notablemente, probablemente superando las 300 mil hectáreas desde las 254 mil actuales, impulsada por una intensa demanda de semillas. Según Nazar Rodríguez, coordinador agrícola ganadero de Fucrea, “es el único cultivo que nos puede asegurar un poco el margen”. Esto es aún más cierto si se busca obtener 2 mil kilos por hectárea, superando los 1.700 kg/ha de los últimos cinco años.
Las cotizaciones globales de los aceites se fortalecieron ante la escalada de los hidrocarburos, y las oleaginosas de invierno mantienen un diferencial de precio favorable respecto a la soja y otros cereales. Esta semana comenzaron a cerrarse las primeras ventas de colza entre US$ 495 y US$ 500 por tonelada, unos US$ 15 por encima de los precios del ciclo anterior. El jueves, el trigo se cotizó a US$ 195, una cifra sorprendentemente alta dadas las condiciones de abundancia del grano argentino y las referencias de US$ 180 que las empresas manejaban hasta la semana pasada, ya superadas incluso por el valor pagado por los corrales para alimentación de ganado.
Si el año pasado ya fue un desafío con los costos de fertilizantes previos al conflicto, ahora la situación financiera se presenta aún más difícil. En la Expoactiva de Soriano se escuchaba esta semana: “Si el año pasado cubrí los costos con una producción de 5.000 kg/ha, este año, con los rendimientos de equilibrio actuales, no hay forma de que el balance dé positivo”. Sin embargo, existe una tenue esperanza: que el conflicto impulse al alza el precio del trigo. De hecho, la cotización del trigo en Chicago ha mejorado, permitiendo a los productores cerrar precios de cebada en torno a US$ 235 por tonelada, superiores a los del año pasado, aunque el costo sigue siendo incierto.
Rodríguez sostiene que “se va a sembrar en invierno, es importante mantener la rotación y los planes, pero no a costa de perder dinero”. Esto podría llevar a una reducción del área de invierno, con el trigo como principal cultivo a reducir desde las 678 mil hectáreas estimadas para la zafra 2025/26. “El año pasado ya aprendimos que con 5.000 kilos de trigo por hectárea quedaban US$ 80 de margen; con el valor del dólar actual, no es muy estimulante”, añadió el coordinador de Fucrea.
Con más oleaginosas (colza, carinata y camelina) y menos trigo, otra opción viable es la apuesta por la ganadería, estable y con precios elevados. El uso de verdeos es una alternativa, consideró Nazar Rodríguez: “El análisis del productor podría inclinarlo a sembrar un raigrás con urea para obtener ciertos kilos de carne; es una situación que debe evaluarse caso por caso”. La cebada, que busca aumentar su superficie tras una fuerte caída del 40% el año pasado, ha mejorado su precio en las últimas semanas, permitiendo fijaciones hasta US$ 50 por encima de los US$ 190 promedio de venta de la campaña anterior.
**El impacto en los números: margen de equilibrio y fertilización**
No solo los márgenes son extremadamente estrechos, sino que las variables agrícolas y tecnológicas inciden en la calidad final (principalmente el contenido de proteína) que se puede alcanzar. “Si recortamos la aplicación de nitrógeno, podemos terminar con un trigo devaluado a US$ 150”, advirtió Rodríguez.
Para comprender la magnitud del problema, basta con observar las proyecciones de costos. Según datos de Sofoval y la evolución proyectada para 2025/2026, la incidencia de los fertilizantes es crucial. En trigo y cebada, la aplicación de urea y NPK (nitrógeno, fósforo, potasio) representaba cerca del 27% del costo total de siembra en 2025, unos US$ 230. En un escenario de aumento del 40%, pasarían a representar el 35% del costo total, aproximadamente US$ 320 por hectárea, el equivalente a casi 1.700 kilos de trigo al precio actual de US$ 195/ton. Los gastos operativos sin incluir arrendamiento podrían alcanzar unos US$ 100 por hectárea más que la zafra pasada, pasando de US$ 830 a US$ 930. A esto se sumará el alza en el precio del gasoil y los fletes, esperada para mayo cuando Ancap revise su cálculo, elaborado antes del conflicto, con otros precios del petróleo y un dólar más alto.
**El factor energía: gas y petróleo en pie de guerra**
Este es un desafío a nivel mundial. El encarecimiento y las dudas sobre el abastecimiento de insumos clave para la inminente siembra de maíz, soja y trigo de primavera en Estados Unidos sugieren un mercado de cereales más firme a mediano plazo, pero la subida de costos es inmediata. “Los costos aumentan rápidamente y están desfasados respecto a la evolución de los precios de los productos”, explicó el agricultor Nicolás Martínez en un análisis de LDC en la Expoactiva Nacional.
Sin embargo, lo más preocupante no es solo el precio, sino la logística. «Hoy inquieta más la disponibilidad que el propio costo», señala Josh Linville, analista de StoneX. Incluso si el conflicto cesara hoy, el daño ya es palpable: la recuperación de la cadena de suministro —buques, puertos y plantas de producción paralizadas— llevará meses. El Cono Sur, alejado de los principales nodos de producción de fertilizantes en Oriente Medio, Rusia y el norte de África, se enfrenta a plazos logísticos y costos de transporte que exigen decisiones de compra rápidas para asegurar que los barcos cargados con nitrogenados y fosforados lleguen a tiempo a Uruguay.
El 42% de las importaciones de urea de Uruguay en 2025 se originaron en países de Oriente Medio cuya producción y distribución de petróleo, gas natural y subproductos como los fertilizantes están actualmente comprometidas: Catar, Omán y Emiratos Árabes Unidos. Catar fue el principal proveedor con 68 mil toneladas en 2025, Omán el cuarto con 45 mil toneladas y Emiratos Árabes Unidos el quinto con 36 mil toneladas. A principios de 2026, antes de la temporada alta de importaciones, Uruguay parece estar diversificando sus fuentes, con Turkmenistán (47%), Argelia (37%) y Rusia (15%) como principales proveedores.
Brasil, que importa el 85% de los fertilizantes que utiliza y es el mayor importador mundial con 49 millones de toneladas en 2025, realizó más del 40% de sus compras en el Golfo Pérsico, lo que lo deja particularmente expuesto ante un eventual cierre prolongado del Estrecho de Ormuz. El ministro de Agricultura, Carlos Favaro, informó que el conflicto en Oriente Medio provocó aumentos del 35% en los precios de la urea en Brasil en cuestión de días, e incluso algunos vendedores suspendieron la comercialización a pesar de tener existencias previas. Las importaciones de urea de Brasil en los dos primeros meses del año cayeron un 33% respecto al año anterior, reflejando inventarios limitados. Agosto es un mes crítico para Brasil, previo a la siembra de soja y maíz, cultivos donde los fertilizantes representan cerca del 40% del costo total. China, por su parte, ha reducido aún más la oferta global de fertilizantes al restringir, desde principios de marzo, las exportaciones de mezclas de fertilizantes de nitrógeno y potasio, así como de ciertas variedades de fosfato, para proteger su mercado interno. Sumado a las prohibiciones y cuotas de exportación ya existentes para la urea, Beijing retira del mercado global unos 40 millones de toneladas de productos, permitiendo solo la exportación de unos pocos fertilizantes, como el sulfato de amonio.
**Ecuación local: costos por ascensor y precios por escalera**
En el ámbito local, el productor recibe este impacto en una coyuntura de gran fragilidad, tras una temporada de verano afectada por una sequía severa que resultará en rendimientos muy bajos para la soja y el maíz. Los rendimientos promedio de soja difícilmente alcanzarán los 1.500 kilos por hectárea, menos de la mitad que la zafra anterior, con valores entre 1.000 y 1.200 kg/ha en las zonas más golpeadas del sureste y entre 1.500 y 2.000 kg/ha en cultivos al norte del Río Negro.
Con el bolsillo castigado, la urgencia de recuperar pérdidas en invierno es considerable. Sin embargo, la realidad es cruda: mientras los gastos se disparan velozmente por la crisis energética, los precios de los productos agrícolas avanzan con lentitud. Aunque el trigo ha mostrado una recuperación y la cebada presenta precios más atractivos que el mes pasado, la ecuación entre insumos y productos se ha complicado drásticamente.
**Estrategias de supervivencia: ¿menos área o cambio de plan?**
Esta situación subraya la importancia de un manejo cuidadoso del suelo, una dosificación precisa y bien evaluada, el encalado para suelos acidificados y el aprovechamiento de las reservas de fósforo en el “ahorro” del suelo. Parte de la reducción de área se dará por la exclusión de terrenos menos fértiles, seleccionando solo las mejores parcelas, aquellas liberadas temprano y con buenos niveles de nutrientes iniciales, dejando las zonas marginales para opciones de menor riesgo como los verdeos, que se presentan como una alternativa defensiva.
El panorama que se abre para las próximas semanas es de alta incertidumbre. Al aumento de los precios de los fertilizantes se suma la certeza de que los combustibles subirán a nivel local en el ajuste del 1º de mayo. La agricultura se encuentra en una situación compleja, aunque quizás no tan crítica como en 2023. La siembra de invierno se realizará, porque la rotación lo exige y el campo no se detiene. No obstante, el margen de maniobra se ha esfumado ante la crisis geopolítica.
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